Por Carlos Esquivel
La equivocación de la mayoría de los héroes fue que nunca aprendieron a equivocarse
(Clignet de Brebant, líder de la batalla de Azincourt y de una decena de duelos, entre ellos el llamado “Por el honor”, que enfrentara a siete caballeros ingleses contra siete caballeros franceses, el 19 de mayo de 1402, en Burdeos).
Héroes de la patria: amigos y enemigos,
me condena el aire, y una cadena sobre los pies.
Los testigos adornan estos castigos y celebran.
Aunque roce con los vencidos mi pose de condenado rugoso,
es un busto silencioso que la patria desconoce.
Es probable que padezca todo el frío fugitivo
de la madre y esté vivo y sin luz
cuando amanezca. Es probable
que no crezca,
que tenga un nombre reciente, la isla
o el viejo puente por donde pasan
confusas hacia ciudades difusas
las culpas del inocente.
de la madre y esté vivo y sin luz
cuando amanezca. Es probable
que no crezca,
que tenga un nombre reciente, la isla
o el viejo puente por donde pasan
confusas hacia ciudades difusas
las culpas del inocente.
¿A quién condenan: al hijo de la madre desmesura,
o al padre de una armadura divina?
¿A quien los maldijo en la autonomía
y dijo: “Vivo de figuraciones y de los supuestos
dones que salvan”? ¿A quien se ahoga
en el baile de una soga tardía?
Las maldiciones hermanan
los prisioneros que van a morir.
Un linde traza al hombre que se rinde
con sus propios desesperos.
El rey de los bandoleros soy,
un tal Manuel García, una canción
me vacía al condenado.
No asombre si ven respirar a un hombre
sobre las cruces del día.
o al padre de una armadura divina?
¿A quien los maldijo en la autonomía
y dijo: “Vivo de figuraciones y de los supuestos
dones que salvan”? ¿A quien se ahoga
en el baile de una soga tardía?
Las maldiciones hermanan
los prisioneros que van a morir.
Un linde traza al hombre que se rinde
con sus propios desesperos.
El rey de los bandoleros soy,
un tal Manuel García, una canción
me vacía al condenado.
No asombre si ven respirar a un hombre
sobre las cruces del día.
Soy Manuel García. (Se apura el verdugo).
No respiro,
no me inventa lo que miro detrás:
la tarde es oscura y un odio de Dios
supura en mis venas el desaire.
Soy un ladrón con donaire o estoy dormido
y no es cierto que yo sea un hombre muerto
pudriéndome sobre el aire.
No respiro,
no me inventa lo que miro detrás:
la tarde es oscura y un odio de Dios
supura en mis venas el desaire.
Soy un ladrón con donaire o estoy dormido
y no es cierto que yo sea un hombre muerto
pudriéndome sobre el aire.
Yo sé que Dios no me espera.
No tengo una luz
por dentro,
salgo de la muerte a un centro de lámparas.
Si me abriera una carne
que yo fuera sin madre aún
como abrigo. (Estoy sangre y enemigo
de quien mi cuerpo padece). Estoy sin luz,
amanece,
y Dios no vive conmigo.
No tengo una luz
por dentro,
salgo de la muerte a un centro de lámparas.
Si me abriera una carne
que yo fuera sin madre aún
como abrigo. (Estoy sangre y enemigo
de quien mi cuerpo padece). Estoy sin luz,
amanece,
y Dios no vive conmigo.
Un nombre tuve,
no sé si ese nombre era terrible,
si tenerlo era posible y frágil,
como la fe.
Tuve un nombre,
lo olvidé. Tuve un tiempo,
algún mendrugo de pan, una noche,
un yugo, el gemido en la moneda.
Tuve todo
y sólo queda mi cabeza ante el verdugo.
no sé si ese nombre era terrible,
si tenerlo era posible y frágil,
como la fe.
Tuve un nombre,
lo olvidé. Tuve un tiempo,
algún mendrugo de pan, una noche,
un yugo, el gemido en la moneda.
Tuve todo
y sólo queda mi cabeza ante el verdugo.




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